Mujeres zapatistas: Ramona y la Ley Revolucionaria de Mujeres | SanCrisGo
Vida local
Mujeres zapatistas: Comandanta Ramona y la Ley Revolucionaria de Mujeres
Las mujeres han sido centrales en el zapatismo desde antes del levantamiento de 1994. La Ley Revolucionaria de Mujeres formuló diez derechos en 1993, la Comandanta Ramona se convirtió en una de las dirigentes indígenas más conocidas del movimiento y las zapatistas continuaron organizándose alrededor de la autonomía, la desigualdad de género y la violencia.
Publicado
Las mujeres no fueron un tema secundario dentro del zapatismo. Antes de que el EZLN se hiciera público en enero de 1994, comunidades zapatistas ya habían aprobado una Ley Revolucionaria de Mujeres de diez puntos sobre participación política, trabajo, decisiones reproductivas, salud, educación, matrimonio, violencia y cargos de dirección.
La Comandanta Ramona se convirtió en una de las mujeres indígenas más visibles del movimiento durante los años noventa. Pero la historia es más amplia que una sola persona. Las zapatistas han participado como insurgentas, representantes políticas, autoridades autónomas, promotoras de educación y salud, organizadoras e integrantes de comunidades, al mismo tiempo que han descrito la desigualdad de género dentro de sus propias comunidades como una lucha todavía inconclusa.
Este último punto es importante. La Ley Revolucionaria de Mujeres no debe presentarse como prueba de que el machismo desapareció dentro de las comunidades zapatistas. Las propias zapatistas han descrito el proceso como lento, desigual y todavía en disputa.
¿Qué es la Ley Revolucionaria de Mujeres? Un conjunto de diez derechos aprobado dentro del EZLN antes del levantamiento de 1994 y publicado por primera vez en El Despertador Mexicano en diciembre de 1993.
¿Quién fue la Comandanta Ramona? Una mujer indígena tsotsil, integrante de la dirección indígena del EZLN, participante en el levantamiento de enero de 1994 y en los Diálogos de Catedral, y una de las representantes públicas más importantes del movimiento en los años noventa.
¿Ramona escribió sola la ley? No hay una fuente sólida que respalde esa versión simplificada. Se la describe ampliamente como una de sus principales impulsoras y como parte del proceso organizativo detrás de las demandas de las mujeres, pero la ley surgió de consulta y trabajo político colectivo.
¿La ley produjo igualdad de género de inmediato? No. Tanto fuentes zapatistas como trabajo académico de campo describen avances junto con contradicciones y prácticas patriarcales persistentes.
¿Las mujeres zapatistas siguen teniendo presencia política? Sí. Material oficial del EZLN de 2025 presentó trabajo de jóvenes indígenas zapatistas sobre lo que significa ser mujer hoy, y en 2026 el zapatismo continuó utilizando el nombre de Comandanta Ramona para un espacio importante de encuentros.
¿Qué decía la Ley Revolucionaria de Mujeres?
La Ley Revolucionaria de Mujeres fue publicada a finales de 1993, poco antes del levantamiento. Contenía diez puntos.
En resumen, establecía que las mujeres tenían derecho a:
participar en la lucha revolucionaria según su voluntad y capacidad;
trabajar y recibir un salario justo;
decidir el número de hijos que podían tener y cuidar;
participar en los asuntos de la comunidad y ocupar cargos si eran elegidas libremente;
atención primaria de salud y alimentación para ellas y sus hijos;
educación;
elegir pareja y no ser obligadas a casarse;
no sufrir maltrato físico y a que la violación o intento de violación fueran castigados severamente;
ocupar cargos de dirección en la organización y grados militares;
tener los derechos y obligaciones establecidos por las leyes y reglamentos revolucionarios.
Los puntos eran especialmente directos porque se dirigían tanto a las condiciones generales de las comunidades indígenas pobres como a relaciones de poder dentro de familias y comunidades.
La ley original es un documento primario del EZLN. Nos dice qué declaró formalmente el movimiento. Por sí sola no demuestra hasta qué punto cada derecho se aplicó en cada comunidad.
¿Por qué fue importante la ley?
La ley convirtió demandas específicas de género en parte del programa político del EZLN antes de que el movimiento fuera conocido mundialmente.
Algunas demandas —educación, salud, trabajo y participación política— coincidían con demandas zapatistas más amplias. Otras cuestionaban prácticas que afectaban específicamente a las mujeres, como los matrimonios forzados, la violencia doméstica, la falta de decisión reproductiva y la exclusión de cargos comunitarios.
Los estudios sobre mujeres zapatistas suelen destacar esta doble dimensión: las mujeres participaban en un movimiento que exigía autonomía indígena frente al Estado mexicano y, al mismo tiempo, impulsaban cambios en las relaciones de género dentro de las propias comunidades indígenas.
Por eso reducir la Ley Revolucionaria de Mujeres a un simple “manifiesto feminista” puede borrar parte de su contexto. Surgió de mujeres indígenas dentro de una lucha política y comunitaria específica en Chiapas, aunque muchas de sus demandas coincidan con luchas feministas más amplias.
¿Quién fue la Comandanta Ramona?
La Comandanta Ramona fue una dirigente indígena tsotsil del EZLN y una de las mujeres más reconocibles de la primera etapa pública del movimiento.
Fuentes institucionales mexicanas sitúan su nacimiento en 1959 en San Andrés Larráinzar, llamado San Andrés Sakamch'en de los Pobres por los zapatistas. Antes y durante su actividad política fue conocida también como bordadora.
Ramona formó parte del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI), la dirección política indígena del EZLN. Se volvió públicamente conocida después del levantamiento de 1994 y participó en el proceso político posterior.
No conviene presentarla como una especie de “versión femenina” del Subcomandante Marcos. Sus funciones, perfiles públicos y lugares dentro del movimiento eran distintos. Marcos se convirtió en el vocero más conocido ante públicos nacionales e internacionales; Ramona representaba la dirección indígena y las demandas políticas de las mujeres desde el CCRI.
¿Qué hizo Ramona en enero de 1994?
Fuentes históricas mexicanas actuales y relatos posteriores sitúan a Ramona entre las dirigentes zapatistas que participaron en la toma de San Cristóbal de las Casas del 1 de enero de 1994.
Las mujeres participaron en distintos niveles del levantamiento. La Mayor Ana María es otro ejemplo importante de una mujer que ocupó mando militar. La importancia de Ramona fue a la vez político-militar y representativa: ya formaba parte de la estructura indígena de dirección y se convirtió en una de las voces que explicaban por qué participaban las mujeres.
Después del cese al fuego federal del 12 de enero, el primer gran diálogo de paz se abrió en la Catedral de San Cristóbal en febrero de 1994.
Ramona formó parte de la delegación zapatista. Es importante porque las negociaciones no fueron simplemente un encuentro entre Marcos y el gobierno. La delegación del EZLN incluía comandantes y representantes políticos indígenas cuya presencia mostraba la estructura colectiva de dirección del movimiento.
La participación de Ramona también hizo visible la autoridad política de las mujeres en uno de los momentos públicos más importantes de la primera etapa del conflicto.
¿Por qué fue importante su viaje de 1996 a Ciudad de México?
En octubre de 1996, Ramona viajó a Ciudad de México como representante zapatista y participó en el proceso alrededor del Congreso Nacional Indígena (CNI).
Su aparición en la capital se convirtió en uno de los momentos más recordados de la historia pública zapatista posterior al levantamiento. Habló ante una gran concentración en el Zócalo y ayudó a representar el intento del movimiento de conectar la lucha de Chiapas con una agenda política indígena de alcance nacional.
Esto ocurrió después de la firma de los Acuerdos de San Andrés en febrero de 1996, cuando los derechos indígenas y la autonomía se habían convertido en el centro de las negociaciones entre el EZLN y el gobierno federal.
¿Ramona fue la autora de la Ley Revolucionaria de Mujeres?
Es más preciso decir que Ramona fue una de las impulsoras centrales asociadas con la ley y con el proceso organizativo que produjo las demandas de las mujeres, en vez de atribuirle a ella sola todo el texto.
El propio EZLN presenta la ley como una ley revolucionaria colectiva aprobada mediante su organización y comunidades. Historias posteriores, tanto institucionales como zapatistas, vinculan repetidamente a Ramona con la ley, pero convertir eso en una historia de autora única simplifica un proceso colectivo.
La distinción importa porque el significado político de la ley está precisamente en que representaba demandas desarrolladas entre mujeres de comunidades zapatistas, no solamente una declaración de una dirigente famosa.
¿Qué cambió para las mujeres dentro de las comunidades zapatistas?
Hay evidencia de cambios institucionales y sociales reales, pero no de una transformación simple desde la desigualdad hasta la igualdad.
Investigaciones en comunidades autónomas han documentado participación de mujeres en:
decisiones comunitarias;
gobierno autónomo;
educación y salud;
proyectos productivos y agroecológicos;
reuniones políticas y organización territorial;
estructuras militares e insurgentes;
encuentros internacionales organizados por las propias zapatistas.
Al mismo tiempo, estudios académicos han seguido señalando contradicciones relacionadas con trabajo doméstico, acceso a la tierra, participación política y relaciones de poder de género.
Un estudio académico de 2022 sobre mujeres y territorio en comunidades zapatistas describe explícitamente avances, contradicciones y retos, no una igualdad ya completada.
Esa descripción es más útil que idealizar las comunidades como espacios sin machismo o, en el extremo contrario, tratar la Ley Revolucionaria de Mujeres como algo puramente simbólico.
¿Qué dijeron las propias zapatistas sobre sus avances?
Una fuente especialmente útil es un texto zapatista de 2013 en el que mujeres del movimiento revisan su propia historia.
Las participantes explicaban que la Ley Revolucionaria de Mujeres se elaboró porque a las mujeres les faltaban muchos derechos y era necesario luchar por igualdad entre hombres y mujeres. También señalaban que en la zona Altos los avances habían sido pequeños y lentos, aunque insistían en que el cambio seguía caminando.
Es una evidencia importante porque proviene del interior del movimiento y reconoce de forma abierta que el trabajo estaba incompleto.
El documento no presenta la ley como una solución mágica. La presenta como un marco desde el cual revisar la práctica real.
El encuentro de mujeres de 2018
En marzo de 2018, mujeres zapatistas organizaron el Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan en el Caracol de Morelia.
El encuentro fue organizado específicamente por mujeres y reunió a zapatistas con mujeres de México y de numerosos países. En el cierre oficial explicaron que la organización había pasado por reuniones desde las comunidades hacia regiones y zonas.
La importancia del encuentro no fue que todas las participantes compartieran una misma ideología. Las organizadoras zapatistas lo plantearon como un espacio donde mujeres de luchas diferentes pudieran hablar, escuchar y organizarse sin control masculino del evento.
También mostró que la trayectoria política iniciada antes de 1994 ya se había ampliado mucho más allá de los diez puntos originales de la ley.
¿Estas ideas siguen presentes hoy?
Sí, aunque la evidencia actual debe describirse con cuidado.
En junio de 2025, Enlace Zapatista publicó “Como mujeres que somos”, con un poema y reflexiones desarrolladas por jóvenes indígenas zapatistas del Caracol Jacinto Canek. El texto explica que las jóvenes habían escuchado a generaciones mayores —abuelas, bisabuelas, madres y hermanas mayores— y reflexionado sobre lo que significa ser mujer joven zapatista actualmente.
La fuente es útil porque muestra una discusión intergeneracional explícita sobre la condición de las mujeres más de tres décadas después de la Ley Revolucionaria.
En 2026, el movimiento también continuó utilizando el nombre Semillero Comandanta Ramona para un espacio de encuentros anexo al Caracol de Morelia. Un programa de artes y resistencias de agosto de 2026 comenzó allí. Eso no demuestra que todas las comunidades interpreten el legado de Ramona de la misma manera, pero sí muestra que su nombre sigue formando parte de la memoria institucional actual del movimiento.
¿Zapatismo es lo mismo que feminismo?
Depende de qué se entienda exactamente por “feminismo”, y las etiquetas demasiado amplias pueden ocultar más de lo que explican.
Las mujeres zapatistas han planteado demandas que coinciden claramente con luchas feministas: vivir sin violencia, decidir sobre la reproducción, participación política, trabajo, educación y oposición al poder patriarcal.
Pero las posiciones políticas de mujeres indígenas en Chiapas también se desarrollaron a través de luchas contra racismo, despojo, pobreza y exclusión lingüística, y por tierra, comunidad y autonomía. La literatura académica advierte repetidamente contra la idea de absorber automáticamente la política de las mujeres indígenas en un único marco feminista urbano u occidental.
Una descripción más precisa es que las zapatistas han desarrollado demandas propias de género dentro de un movimiento indígena autónomo más amplio, creando al mismo tiempo conexiones con luchas de mujeres y feministas de otros lugares.
Errores comunes
“Todas las mujeres indígenas de Chiapas son zapatistas.”
No. Identidad indígena y afiliación política zapatista no son lo mismo.
“Ramona escribió sola la Ley Revolucionaria de Mujeres.”
Eso exagera la autoría individual dentro de un proceso político colectivo.
“La ley acabó con el machismo en las comunidades zapatistas.”
Ni los testimonios zapatistas ni la investigación académica respaldan esa conclusión.
“Las mujeres solamente apoyaban a dirigentes zapatistas varones.”
Las mujeres ocuparon funciones militares, políticas, de gobierno autónomo y organización propias.
“El tema terminó con la muerte de Ramona en 2006.”
No. Encuentros posteriores de mujeres, participación autónoma y materiales zapatistas actuales muestran que el género sigue siendo un campo activo de discusión política.